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Cultura06 de febrero de 2013

...Arquitecturas marcianas, de cine: de Andrew Stanton a Archigram

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Jaume Prat Ortells

Jaume Prat Ortells
Ficha | Web

El cine permite la construcción virtual de arquitecturas hasta ahora utópicas... y, mostrando su funcionamiento, posibilita su crítica.

[Jaume Prat] Walt Disney Pictures tiene, desde hace unos pocos años, una arma secreta a la hora de afrontar sus proyectos de alto presupuesto: su filial Pixar, una productora de dibujos animados creados por ordenador que ha revolucionado el género: sus socios, cultos, transgresores, un punto gamberros, conscientes de su talento, han expandido las barreras del género hasta que éste ya puede ser valorado independientemente de sus limitaciones técnicas. Basta recordar los créditos iniciales de Ratatouille, con sus puntos de vista móviles simulando el uso de una steadycam,  con el uso de imágenes congeladas en homenaje a Goodfellas, de Martin Scorsese

Para adaptar la serie marciana de Edgar Rice Burroughs al cine, la productora llamó a uno de los talentos de Pixar, Andrew Stanton, para confiarle casi 300 millones de dólares a usar en una película que trascendiese el cine de animación mediante el uso de actores reales y una combinación de decorados reales y virtuales unidos mediante técnicas digitales. El resultado se estrenó el año pasado bajo el nombre de John Carter, película basada principalmente en la primera novela de la serie, A Princess Of Mars, publicada en 1912. Uno de los decorados marcianos elegidos es la ciudad de Zodanga, que vaga por su reino caminando sobre centenares de patas metálicas mientras escarba constantemente el suelo bajo su superficie hasta agotar sus recursos naturales. Stanton, versado en el uso de referentes modernos en los decorados de sus películas de dibujos animados (mención especial a The Incredibles, donde todas las casas aparecidas homenajean a las Case Study Houses) asociará Zodanga a las Walking Cities del grupo Archigram, cuando se consideraba que los recursos naturales de nuestro planeta eran inagotables. Las Walking Cities representan la confianza ciega en los recursos de una tecnología usada en oposición a un medio ambiente considerado hostil, una especie de remedo tecnológico de la misma actitud que había llevado a Le Corbusier a levantar sobre pilotis sus edificios para no tocar un suelo considerado rudo y vulgar, el último estertor (antes de que la crisis de 1973) de una cultura que consideraba la civilización como algo diametralmente opuesto a la naturaleza en crudo. Basta observar los dibujos producidos por los Archigram, puro envoltorio que tanto sirve para la Antártida (donde se construyeron bases con la volumetría propuesta por Ron Herron) como para las afueras de Nueva York o incluso para el medio (o el fondo) del mar. 

Zodanga, desde la ingenuidad de una película del género kiddult (pensada para ser vista por niños en compañía de sus padres en un juego interpretativo de capas de cebolla en que cada grupo de edad encuentra referentes conocidos), muestra los límites de esta utopía que nos sigue asombrando sobretodo por su grado de inconsciencia: los de su materialización, asociada a un mensaje que, desde nuestra perspectiva actual, es tan poco aceptable que ha terminado representando el espacio donde viven “los malos”. 

Zodanga, bocetos digitales de estudio.

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The Walking Cities

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Fuente: Scalae

Ref. scalae.net

Publicado por Jaume Prat , 06 de febrero de 2013 18:22

País: Estados Unidos

Ciudad: Los Ángeles

Agentes: Pixar, Andrew Stanton, Archigram

Edificios: Walking Cities

Autoría de la imagen: Walt Disney Pictures

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